Thursday, July 26, 2007



Y LA MAGIA CONTINÚA...







Nos conocimos una tarde de verano, cuando todavía éramos estudiantes de cuarto medio y soñábamos con un futuro en la universidad. No diré que fue un amor a primera vista, pero sí debo admitir que su personalidad me cautivó con el paso del tiempo.

Nuestro lugar favorito era la Avenida Brasil, amplia, tranquila, con el viento porteño meciendo siempre las chasquillas de las palmeras que se prolongan desde su inicio hasta el final. Ese lugar tenía cierta magia. Más tarde, ya alumnos de la Universidad Católica, el sitio de encuentro era cerca del "hombre con faldas" (una estatua de Cristóbal Colón) que nos miraba complaciente y no tenía inconvenientes en que arrancara las rosas silvestres que crecían en su jardín para dármelas... Así pasaron los años, casi sin darnos cuenta, mientras libros y cuadernos observaron el paso de nuestros días demasiado ocupados para proyectarnos en una vida juntos...

Por eso, cuando decidimos emprender un solo camino, todo fue una sorpresa: las decisiones tomadas, los lugares donde vivimos y dónde trabajamos...en fin, todo nos fortaleció con la única esperanza de continuar juntos y cumplir la promesa hecha hace veinticinco años atrás...

Y en estos años de matrimonio, hemos vivido en 6 ciudades distintas y nos hemos mudado de casa 11 veces. Hemos trabajado juntos tres veces, compartiendo la profesión y vocación en la mesa y antes de dormir... No hemos apoyado en momentos difíciles y hemos compartido grandes alegrías, como ver llegar a nuestras vidas a una Paulina juguetona e independiente hace veintiún años atrás y ya hace dieciocho años que recibimos a Camilo, cuya existencia ha sido desde el principio una promesa de esperanzas... y Werner, resultado de una vida compartida con tanta gente y en tantos lugares...con una personalidad que nunca deja de sorprendernos... Una preocupación y una tranquilidad a la vez, como todo hijo menor, la alegría de la compañía en los años venideros, cuando el nido esté vacío y repitamos la historia de nuestros padres...

Pero supongo que para eso falta aún mucho tiempo.

Por ahora, destinar tiempo para soñar, como solíamos hacerlo hace años atrás, soñar, porque mientras haya vida, hay tiempo para ello.

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