Saturday, May 10, 2008

Simplemente... Mamá



Cuantos años me he pasado recordando tu figura y tus palabras... Creo que comencé a comprenderte cuando la vida me distanció de tu lado, cuando todo se hizo más duro lejos del abrazo que cobijaba y consolaba penas pasajeras...

Hoy, miro hacia atrás, y recuerdo mi niñez tan feliz, allá por los años sesenta. Era la época en que sonaban las primeras canciones de Adamo y tú las tarareabas con ese acento juvenil que aún te acompaña...

Las horas transcurrían tan lentas que creíamos que nunca creceríamos y que siempre estaríamos bajo el cuidado de los padres.

Me acuerdo de los paseos mirando el atardecer sobre el mar, allá por la orilla del cerro Barón, mientras la gente subía cansada después de un día de trabajo. Nosostros, ajenos a la vida, jugábamos con el viento en el rostro, contando los autos que pasaban por la avenida España... "Yo contaré los rojos" - decía yo. Y Juan, mirando a lo lejos, afirmaba:"Yo prefiero los azules".

Y así se nos iban las horas, bajo tu atenta mirada, la misma que hoy, cuando ya adultos, sentimos sobre nuestros pasos a pesar de la distancia que nos separa.

Las tardes invernales se sucedían al calor de tu cocina que siempre tenía alguna sorpresa para nosotros, mientras esperábamos la llegada de papá. Disfrutábamos tus sopaipillas pasadas con aroma a clavo de olor, canela y cáscara de naranja, que llenaba los rincones de la casa. Más tarde, la presencia de papá se hacía sentir con el tintineo de su llavero en la puerta, acompañado de la carraspera que era el anuncio formal de su llegada...mientras nosotros aún jugábamos con el resto de masa amarilla que ya había perdido su color con las diversas formas que había ido tomando dentro de nuestras pequeñas manos...


Nunca los "te quiero" serán suficientes, nunca los abrazos se agotarán con el tiempo. Quizás viviré el resto de mi vida con el corazón suspendido del pasado, donde están mis raíces echadas con fuerza, allá en las primeras horas tibias de vida que no recuerdo, o dentro de ese abrigo de paño verde que me hacía sentir una princesa, o caminado sobre aquellos zapatitos de charol que me ajustabas en los pies, o en tus brazos bajo la lluvia, sintiendo el agua caer sobre el paraguas... Mirándote como reías cuando charlabas con el papá... como llorabas cuando algo te afligía... como nos consolabas cuando sabías que nuestra dicha ya no dependía del postre o del paseo al atardecer...


Con la sencillez de la vida, fuiste cumpliendo tu vocación de mujer, ser simplemente madre, moldeándonos el espíritu y el carácter, lo que hoy nos permite avanzar por nuestros caminos, ya lejos del nido, lejos de tu mirada vigilante, pero sin embargo, cerca, muy cerca de tu corazón...





0 comments: